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08 décembre 2012

« La mente en Blanco », les photos


Ce fut long, fastidieux et même douloureux, mais il fallait bien faire le tri. On ne ressort pas indemne d'une aventure qui dure près d'un mois et demi. Il faut laisser reposer, calmer les émotions et prendre son temps pour que, de la dizaine de milliers de photos, ne sorte que l'essentiel.

Il y a quelques mois, je vous avais raconté « La mente en Blanco » ici et là.

>>> En cliquant sur la photo, retrouvez une galerie de photographies de Florent Lucas et d'Albert de Juan.

07 avril 2012

La mente en « Blanco »


La noche ha sido corta, apenas unas horas de sueño. A pesar de todo, me levanto a la primera llamada del despertador. Hoy es 18 de marzo.

El sol empieza a asomar cuando cojo el coche en dirección de Massamagrell. No dejo de repetirme que va a ser un gran día. El método Coué para alejar mis angustias. La radio es patética esta mañana y no tengo ganas de escuchar todas las miserias del mundo. Pongo el CD “Siamese Dreams”: sueños siameses que, automáticamente, enfocan mis pensamientos hacia Ramón. Me acuerdo del mes y medio que acabamos de pasar para preparar este gran día. Una última aparición en su plaza de Valencia, el último toro para la salida de un artista. Más lo pienso y más me cuesta asimilar que tenemos que poner un punto final a esta aventura dentro de algunas horas.

Durante los veinticinco minutos del trayecto, me acuerdo de los secretos que hemos compartido. En la cabeza de Ramón galopan decenas de toros: ‘Faraón’ de Machancoses, ‘Membrillito’ de Hnos. Serrano, ‘Extravagante’ de Juan Pedro Domecq y ‘Fandango’ de Guadaira, cuya cabeza domina el comedor de su casa y que su pequeño  hijo saluda todas las mañanas. Pero el más importante es seguramente ‘Chorlito’, del Conde de Mayalde, imponente toro castaño armado como un tanque. Es, sin duda, el toro que volvió a poner a Ramón en el camino después de un periodo de dudas y frustraciones producidas por las cornadas que lo mutilaron en sus últimos concursos. El tipo de toro que te permite reencontrarte con el sitio y la confianza perdida. Fue en 2011, en el día de su peña. Ramón se ofrece voluntario para recibir el toro a la salida del cajón, en las calles abarrotadas de Massamagrell. A la hora prevista, Ramón se planta solo delante del cajón. Detrás de él, la multitud, delante ‘Chorlito’ que espera su liberación en la oscuridad relativa de su jaula. Sobre los hombros de Ramón, la presión y la responsabilidad de recibir a ‘Chorlito’ a su salida. La puerta se levanta y el morlaco aparece. “El Blanco” lo recorta y la relajación es total cuando los quinientos kilos de bravura lo rozan. Esta sensación de vacío y abandono, “El Blanco” las recuerda perfectamente. Para él fue un detonante. Ramón acaba de reencontrar “el sitio” delante de este toro. Por fin se siente preparado para realizar lo que le obsesiona desde hace varios años: despedirse del mundo del recorte.

Cuando la noticia de su adiós saltó oficialmente en el mes de enero, enseguida llamé a Albert de Juan:
« Albert, he leído que “El Blanco” se despide de los concursos en Fallas. ¿Le conoces?
— Sí, un poco.
— Habla con él y proponle hacer un reportaje. Quiero seguirle durante el mes precedente a su última actuación. Pienso que puede ser interesante. Hazlo conmigo si quieres. ¡Podemos hacer algo bonito!
— Intentaré hablar con él el sábado, van a sacar un toro en Massamagrell. Me imagino que estará.
— Apáñatelas para que esté de acuerdo, tenemos que hacerlo. No estaré el sábado, pero te llamaré para que no se te olvide.»

Esta idea le encantó a Ramón y, por mi parte, es una de las aventuras  más bonitas que se me ha dado la oportunidad de vivir en el mundo del toro. Me acuerdo de nuestro primer encuentro en un certamen de aficionados prácticos a principios de febrero. Me impactó su elegancia y simpatía, lo que contrasta mucho con la imagen que dan ciertos recortadores de hoy en día. Me acuerdo de nuestro primer viaje al Sur con “Chime” y Pepe. Los momentos en buena compañía, las anécdotas y las risas que amenizaron las toneladas de kilómetros realizados. Me acuerdo del entrenamiento en la ganadería de Luis Alcón, en una joya de placita, ubicada en la montaña de la Vall d´Uixo con vistas al mar. De la presencia de César Palacios, leyenda del recorte, rey del quiebro, que, a pesar de meses sin ver la sombra de un pitón, te deja boquiabierto por su habilidad y te contamina con su entusiasmo por volver a ponerse delante de unas vacas. Me acuerdo de ‘Ruiseñor’ y de su cruce de miradas con “El Blanco” durante una visita en su cercado de Moncada. Me acuerdo del fin de semana en Fuente Ymbro y el Marqués de Albaserrada, hinchándonos de vacas y afición. No hay precio para todo lo que hemos vivido.

La ‘despertà’ me saca de mis sueños. He aparcado el coche en frente de la casa de Ramón y los falleros disfrutan tirando petardos en la calle desierta. Un alboroto que despierta a los festeros para empezar un nuevo día de Fallas. Les veo girar la esquina y cuando me doy la vuelta, Ramón viene hacia mí. Nos saludamos, pero evito preguntarle cómo esta. Puedo adivinar el estado en que se encuentra a pocas horas de su actuación. Seguidamente llega Albert. Al igual que nosotros se lee en su rostro las pocas horas de sueño. El último en llegar es José y ya estamos todos para irnos a la plaza. Albert ha tenido un sueño en el cual esta mañana se le aparecía como un auténtico desastre… Le miro con cara de susto, Ramón frunce el ceño, y finalmente todo el mundo se tranquiliza. Albert es bastante guasón y su alusión relaja el ambiente.

A nuestra llegada a la plaza, vemos a Pepe “El Andarillo” que acompaña a ‘Ruiseñor’. Éste espera en el camión desde hace más de una hora y todavía no ha sido desembarcado. Pepe esta de mal humor. Le gustaría que todo estuviera arreglado rápidamente. Ramón necesita aislarse en una habitación encima de los corrales con vistas a la plaza. Coge un libro y se acomoda en el sofá mientras Albert y yo hacemos las primeras fotos. “El Blanco” está preocupado: un párrafo que narra la superstición de Juan Belmonte, le recuerda un hecho que ocurrió esta mañana. En los pasillos de la plaza, alguien le dio una imagen santa; casi nada para la gente normal pero la causa de muchos tormentos para un torero, pues el ritual preestablecido se va a hacer puñetas. Ramón ya tenía sus iconos. ¿Qué tiene que hacer con éste? ¿Tiene que ponerlo con los demás o dejarlo de lado? No necesitábamos esto… Para cambiarnos las ideas, miramos los corrales por la ventana donde están desembarcando la corrida de rejones del día siguiente. Los pupilos de Fermín Bohorquez se reparten leña a tutiplén.

Por mi parte, decido salir para ver si el turno de ‘Ruiseñor’ llega pronto. Me cruzo una vez más con Pepe, irritado como si le hubieran quitado el puesto en la cola del supermercado. Cojo la pasarela que domina los chiqueros y llega a los tendidos. Los primeros espectadores han cogido sitio pero dudo de que la plaza se llene. El día anterior ya hubo un concurso, y hoy mismo hay otro en Castellón.

Al igual que los matadores, “El Blanco”, ha preparado la silla del torero con su ropa. En una mesa pequeña, frente al espejo, ha instalado minuciosamente las imágenes santas, un rosario y unas medallas. Ramón está como un león en su jaula. La espera empieza a pesar y la tensión es palpable. “El Blanco” decide vestirse. Le queda aproximadamente una hora y necesito tomar el aire y fumar un cigarro. Tengo ganas de que desembarquen a ‘Ruiseñor’ ya. Este ambiente tenso lo conozco muy bien y quiero escaparme. Cuando llego a los chiqueros, Mónica, la mujer de Ramón, entra con su hijo Héctor vestido con la misma camiseta que llevará su padre. Me acuerdo de la primera vez que nos vimos cuando me explicó hasta qué punto deseaba que todo esto acabara pronto. Le gustan los toros, pero ya no quiere que se crucen en el camino de su marido. Recuerdo estar sentado en su cocina, un sábado de febrero, en compañía de “Chime”, mientras ella daba la comida a un pequeño Héctor insaciable. Teníamos que hacer algunas fotos, hablar de sus sentimientos, de anécdotas, de su marido, de toros y de todas las cosas que hacen el día a día de una mujer de recortador. Creo haberle hecho una única pregunta, anodina, sobre la última aparición de Ramón, pero su respuesta me dejó sin palabras. Una respuesta corta y seca, una especie de llamamiento de socorro, casi desesperado: simple realidad de una mujer de torero que tiene que vivir en la espera, la angustia y el miedo… Al final de un espeso silencio, decidí marcharme, pretextando que el pequeño tenía que hacer su siesta. Había detectado un verdadero sufrimiento; yo estaba conmovido y desolado. Hoy Mónica no se sentará en los tendidos; esperará con Héctor en los chiqueros. No sé qué es más difícil: ver la actuación o fiarse de las reacciones de la plaza. Ánimo Mónica…

‘Ruiseñor’ muestra el hocico en el corredor que lo lleva a los corrales. Tranquilamente, sin sobresaltos, se enfila hacia las puertas y se precipita en la manga que le conduce hasta su celda. Pepe está aliviado, todo ha ido muy bien para su protegido. Voy a ver a Ramón para avisarle de que todo ha salido perfectamente. En pleno recogimiento, “El Blanco” se encuentra de pie delante del espejo. Concentrado, no da importancia a las personas presentes en la habitación. “Moreta” y Carlos han llegado; son ellos los que le van a ayudar a colocar el toro.

¡Ay “Moreta”! Me acuerdo de nuestro fin de semana en Fuente Ymbro. “Moreta”, Ramón y Pepe habían afrontado las catorce vacas que nos había soltado el mayoral. Después de tres horas de entrenamiento, exhaustos pero felices, estábamos todos reunidos para disfutar una buena comida. Mientras “Moreta” devoraba su plato de carne en salsa, Ramón le pidió que le ayudara a colocar el toro en su gran día. “Moreta” palideció, puso el tenedor en la mesa y ya no volvió a tocar su plato:
« Moreta, ya llevamos dos fines de semana de entrenamiento juntos. Sabes donde quiero que esté el toro y por donde quiero que salga. Sólo necesito hacerte una señal y me entiendes enseguida. No vas a estar solo, Carlos también estará.
— Blanco, yo sólo quería estar allí, en vaqueros, en el callejón, por si pasa algo poder quitarte el toro…
— Si me pasa algo, la mitad de la plaza va a saltar al ruedo para echarme una mano. Yo, quiero que estés conmigo para poder colocar al toro ».
Con la idea de esta responsabilidad en mente, “Moreta” se saltará el postre para pasar directamente al gin tonic. Pero aceptará.

Ramón termina de guardar, una a una, las imágenes santas en su cajita. Es el momento de los saludos y los abrazos, en la quietud, sin efusiones, sin carcajadas. La paciencia tiene sus límites y las ganas de pelea crecen. Algunos estiramientos, una última conversación con Carlos y “Moreta”: ha llegado la hora de dejar la habitación para irse a la plaza.

Ramón llega a los chiqueros donde le esperan Mónica y el pequeño Héctor. La emoción es máxima cuando Ramón coge a su hijo en brazos y le abraza. Con los ojos humedecidos, parece que no quiere soltarle. Héctor adivina la intensidad del momento y pega su frente contra la de su papá. La pareja se abraza, se desea buena suerte en voz baja y los tres se funden en un gran abrazo. A regañadientes y muy afectado, Ramón se aparta para emprender el camino que le lleva hacia su destino. Durante el trayecto hacia el patio de cuadrillas, se adentra en la capilla. Yo, no entro. No quiero, no puedo. Intento huir de la emoción que empieza a invadirme y salgo corriendo hacia el primer piso de la plaza. Arriba, sé que existe una ventana que da a la capilla y me permite participar del recogimiento de Ramón a mi manera. Cuando se levanta, después de haberle pedido ayuda a la virgen, bajo las escaleras a toda prisa para volver a ponerme a su lado. La espera empieza de nuevo, insoportable. En el patio de cuadrillas, que está a reventar, es el momento de las palmadas, abrazos, bonitas palabras y ánimos. Se eterniza, “El Blanco” debería entrar ya. Temo que su concentración y su motivación se consuman poco a poco. Me acerco al ruedo y recibo una enorme bofetada, así como un subidón de adrenalina: ¡la plaza está llena a reventar! Ramón no lo ha visto aún. Tengo que decírselo, sé que se  pondrá contento. Voy a verlo, y tranquilamente le digo:
« ¡Ramón, está lleno! Han venido todos, para ti, para verte. Como en los viejos tiempos.
— Flo, han venido a ver a los Pablo Romero, me suelta con una sonrisa irónica.
— ¡Una polla! »

La presentación va a empezar. Bajo y me apoyo contra las puertas que abren al ruedo. Albert está detrás de mí. Uno a uno, los recortadores saltan al albero arropados por los aplausos y forman una hilera de honor en el centro. Ramón está solo en el túnel. Cuando el graciosísimo presentador empieza su interminable palmarés, el micro le abandona. Nada, ningún sonido, horror. Sólo faltaba eso. La cara de Ramón se crispa. Esperar, otra vez, cuando él, lo único que pide es salir del túnel para saludar a la Afición y desafiar a ‘Ruiseñor’. Carlos y “Moreta” le rodean ahora, al igual que una cuadrilla. Una sonrisa, una broma, un no sé qué y veo que Ramón se relaja y se lo toma con calma. Ya está, “El Blanco” se lanza, pasa de la oscuridad del túnel a la luz de la plaza, se planta en medio del ruedo y saluda como un torero. Por la reacción de la multitud, se entiende por quién han venido, quien les ha sacado de la cama un domingo por la mañana en plena celebración de Fallas. Tengo el corazón a mil.

Busco, en vano, a los padres de Ramón entre el público. Están aquí, estoy seguro. Hace un mes, me aseguraron que iban a venir. Pienso en su madre, Mercedes, en su padre, Ramón, y en todo lo que me contaron sobre su hijo: un niño bueno que dibuja toros desde su más tierna infancia y que, desde muy pronto, siguió a su padre en busca de los “bous al carrer”; unos padres repletos de afición transmitiendo el virus a su hijo que, muy pronto, pisa la arena y el asfalto para desafiar al toro. Ramón padre se acuerda de un acontecimiento que le quedó grabado en la memoria: una tarde, en Almenara, mientras persiguen un toro que galopa en la calle, su hijo  se distancia y lo pierde de vista. Cuando lo encuentra, su hijo está solo, plantado en medio de la calle, cara a cara con el toro. Al ver una presa fácil, el morlaco arranca y entra en el quiebro de Ramón. Echando la memoria atrás, es su primer quiebro. El padre está fascinado por la serenidad y la tranquilidad de su hijo en el momento crítico, por su manera de quedarse quieto a toro pasado: ha nacido un torero. Nada será como antes. Mercedes, por su parte me confía que “no había ninguna razón para impedirle ir a los toros. Siempre vimos que era prudente y no una cabeza loca. Un día volvió a casa con el formulario de solicitud de la escuela taurina de Valencia para que lo firmáramos. Lo rasgué y lo tiré a la basura. El niño se deshizo en lágrimas y me prometió que, entonces, sería uno de los mejores recortadores”…

Mercedes ha tenido que sufrir un montón de momentos duros y crueles. Ella, que vive en la preocupación perpetúa cuando su hijo sale de casa. Vacaciones de verano y fines de semana exclusivamente dedicados al toro: diez años, con unos cuarenta o sesenta concursos al año. Ramón ha recorrido España de Norte a Sur y de Este a Oeste. Varias veces, de vuelta a casa después de la compra, Mercedes rompe a llorar, víctima del celo y los reproches de otras madres que no entienden cómo una madre puede permitir que su hijo se juegue la vida persiguiendo toros.
Cuando estos pensamientos me abandonan, Ramón está en el ruedo con el equipo médico de la plaza: el homenaje del torero a las personas que le salvaron la vida. [Valencia, octubre de 2006, el pitón del toro atraviesa el cuello de ”El Blanco” que, operado por el médico de la enfermería de la plaza que no puede retener las lagrimas, guía al personal médico en su trabajo, y tranquiliza a sus padres que acudieron al lecho].

Después llega el turno de ‘Ruiseñor’ y del “Blanco”. Una señal con la mano y el torilero abre la puerta y libera a ‘Ruiseñor’ que entra al paso. Observa perplejo la plaza, a la izquierda, a la derecha, y se lanza a la otra parte del ruedo. Vuelta de observación, durante la cual “Moreta” y Carlos mueven el toro para que Ramón pueda adivinar sus reacciones y cogerle la medida. ¿El toro será fiel a lo que Ramón pensó detectar en el campo? El primer recorte es fundamental para estar seguro del comportamiento de ‘Ruiseñor’ y ganar confianza. Rápidamente, Ramón se posiciona en el centro del albero y llama a su adversario que arranca al galope. Ramón describe un arco de círculo que remata arqueándose en el momento del encuentro. ‘Ruiseñor’ superado por su velocidad, no puede alcanzar al hombre y pasa tras su espalda. Respiro. La plaza entera exulta y respira. Mónica, en la oscuridad de los chiqueros y guiada por la multitud, respira. Ramón padre y Mercedes respiran. “El Blanco”, que le ha tomado la medida a su adversario, sigue con el reverso que lo ha hecho famoso. La plaza tiembla y gruñe. La fiesta es total y puede continuar. Los quiebros y recortes se encadenan hasta que ‘Ruiseñor’ tira la toalla, dominado, vencido por la torería del “Blanco”. Un último desplante, rodilla al suelo, delante de su último toro, y Ramón recibe todo el cariño de su público que lo aclama puesto en pie. Un torero, un maestro de la tauromaquia a cuerpo limpio, saluda por última vez a su plaza antes de salir a hombros, llorando, bajo una tremenda ovación.

Desde el callejón, veo a Mónica y a Héctor en los tendidos. Acaban de entrar para disfrutar de la vuelta al ruedo de Ramón. Mónica está feliz. Una nueva etapa puede comenzar porque los fantasmas que la atormentaban van a desaparecer poco a poco, llevados para siempre por el toro ‘Ruiseñor’.

Fotografías Valencia, 18 de marzo de 2012 © Albert de Juan y Florent Lucas

03 avril 2012

La mente en Blanco


La nuit a été courte, à peine quelques heures de sommeil. Malgré tout, je suis débout dès la première sonnerie du réveil. Nous sommes le 18 mars.

Le soleil pointe son nez lorsque je prends la voiture en direction de Massamagrell. Je ne cesse de me répéter que la journée va être bonne — la méthode Coué pour éloigner mes angoisses. La radio est pathétique ce matin et je n'ai pas la tête à entendre toutes les misères du monde. J'enclenche le CD « Siamese Dreams » : des rêves siamois qui automatiquement dirigent mes pensées vers Ramón. Je pense au mois et demi que nous venons de passer ensemble à préparer ce grand jour, une ultime apparition dans ses arènes de Valence, le dernier toro pour la sortie d'un artiste. Plus j'y pense et plus j'éprouve de difficultés à admettre qu'il me faudra, dans quelques heures, mettre un point final à cette belle aventure.

Durant les vingt-cinq minutes du trajet, je me remémore les secrets que nous avons partagés. Dans la tête de Ramón galopent des dizaines de toros : 'Faraón' de Machancoses, 'Membrillito' de Hnos. Serrano, 'Extravagante' de Juan Pedro Domecq et 'Fandango' de Guadaira, dont la tête trône dans son salon et que son jeune fils salue tous les matins. Mais le plus important est peut-être 'Chorlito' du Conde de Mayalde, imposant toro castaño armé comme un char d'assaut. C'est certainement lui qui a remis « El Blanco » sur les rails après une période de doutes et de frustration ; lui qui a permis au torero de retrouver le sitio et la confiance perdus. C'était en 2011, le jour de sa peña. Ramón est chargé de recevoir le toro à la sortie du cajón dans les rues bondées de Massamagrell. À l'heure prévue, Ramón se plante seul devant le cajón avec derrière lui la multitude et, devant, 'Chorlito' qui attend sa libération dans l'obscurité relative de sa cage. La porte se lève, le fauve jaillit et « El Blanco » le cueille dès la sortie ; lorsque la demi-tonne de bravoure le frôle, le relâchement est total. Cette sensation de vide et d'abandon, « El Blanco » s'en souvient parfaitement. Un déclic s'est produit, il se sent prêt pour réaliser ce qui lui trotte dans la tête depuis plusieurs années : tirer sa révérence au monde du recorte.

Quand la nouvelle de son adieu a été officialisée au mois de janvier, j'ai aussitôt appelé Albert de Juan : « Albert, j'ai lu qu'« El Blanco » allait se retirer lors les Fallas. Tu le connais ?
— Ouais, un peu.
— Contacte-le et propose-lui de faire un reportage. J'ai envie de le suivre au cours du mois qui précède sa dernière apparition. Je pense que ça devrait être intéressant. Fais-le avec moi si tu veux. On pourrait faire quelque chose de bien !
— J'essaierai de lui parler samedi prochain à Massamagrell. Ils vont “faire un toro” et je pense qu'il y sera.
— Débrouille-toi pour qu'il soit d'accord, il faut absolument faire ça. Je ne serai pas là samedi, mais je te rappellerai pour que tu n'oublies pas. »

Cette idée a enchanté Ramón, et c'est pour ma part une des plus belles aventures qu'il m'ait été donnée de vivre dans le monde du toro. Je me souviens de notre première rencontre lors d'un concours d'aficionados prácticos au début du mois de février, par un dimanche glacial avec un vent qui lacère le visage. J'ai été frappé par l'élégance et la sympathie de Ramón qui contrastent avec l'image que renvoient certains recortadores de nos jours. Je me souviens de cette première virée dans le sud avec « Chime » et Pepe : les moments passés en si bonne compagnie, les anecdotes et les rigolades qui ponctuèrent les tonnes de kilomètres avalés. Je me rappelle de cet entraînement chez Luis Alcón dans ce bijou de placita logé au cœur des montagnes de La Vall d'Uixó avec vue sur la mer, de la présence de César Palacios, légende du recorte, roi du quiebro, qui malgré des mois sans voir l'ombre d'une corne te laisse bouche bée par sa facilité, et te contamine par son enthousiasme à se remettre devant des vaches. Je me souviens de 'Ruiseñor' et de ce bras de fer avec « El Blanco » par regards interposés lors d'une visite dans son enclos de Moncada. Je me rappelle de ce week-end chez Fuente Ymbro et le Marqués de Albaserrada à se gaver de vaches et d'afición — vivre ce que nous avons vécu n'a pas de prix.

La despertà (tradition censée tirer les habitants de leur lit pour démarrer une nouvelle journée de Fallas) me sort de ce songe éveillé. Je viens de garer ma voiture et regarde les falleros s'en donner à cœur joie en lançant des pétards. Lorsque je me retourne, Ramón marche vers moi. On se salue mais j'évite de lui demander comment il va. Je devine assez facilement son humeur à quelques heures du concours. Albert nous a rejoints — le manque de sommeil se lit sur son visage —, suivi peu de temps après par José. Tandis que nous nous dirigeons vers les arènes, Albert nous raconte qu'il a fait un rêve dans lequel cette matinée lui était apparue comme un « désastre »… Je fais les gros yeux, Ramón fronce les sourcils, puis tout le monde se relâche — Albert est taquin et son allusion un peu douteuse a détendu l'atmosphère.

À notre arrivée aux arènes, nous croisons Pepe qui accompagne 'Ruiseñor'. Celui-ci attend dans le camion depuis plus d'une heure et n'a toujours pas été débarqué. Pepe n'aime pas ça ; il souhaiterait que tout soit réglé au plus vite. Ramón ressent le besoin de s'isoler dans une pièce qui surplombe les corrals et fait face aux arènes. Il s'empare d'un livre et s'installe sur le canapé pendant qu'Albert et moi faisons les premiers clichés. « El Blanco » est soucieux : un passage relatant la superstition de Juan Belmonte le renvoie à un petit incident survenu ce matin. Dans les couloirs des arènes, quelqu'un lui a confié une image sainte — trois fois rien pour le commun des mortels, mais la cause de bien des tourments pour un torero. Voilà que le rituel préétabli fout le camp. Ramón avait déjà ses icônes. Que doit-il faire de celle-ci ? Doit-il la poser avec les autres ou doit-il l'ignorer et la laisser de côté ? On n'avait pas besoin de ça… Pour nous changer les idées, nous regardons par la fenêtre les corrals où est en train d'être débarquée la corrida de rejón du lendemain matin. Les pupilles de Fermín Bohórquez s'en donnent à cœur joie et se distribuent les bourrades. Pour ma part, je décide de sortir pour voir si le tour de 'Ruiseñor' arrive bientôt. Je croise une nouvelle fois Pepe, irrité comme si l'on venait de lui piquer la place dans la queue du supermarché. J'emprunte la passerelle qui surplombe les chiqueros et mène aux tendidos. Les premiers spectateurs ont pris les meilleures places et je doute que les arènes se remplissent. La veille il y avait déjà un concours à Valence, et aujourd'hui même un autre a lieu à Castellón.

À l'instar des matadors, « El Blanco » a préparé la chaise du torero avec ses vêtements. Sur une petite table, face au miroir, sont minutieusement installés les images saintes, un chapelet et des médailles. Ramón est comme un lion en cage. L'attente commence à peser et la tension est palpable. « El Blanco » décide de s'habiller. Il lui reste environ une heure et il me faut prendre l'air et fumer une clope. J'ai hâte que l'on débarque 'Ruiseñor'. Cette ambiance tendue, je la connais trop bien et je veux m'en défaire. Lorsque j'arrive aux chiqueros, Monica, la femme de Ramón, fait son entrée avec leur fils Héctor vêtu du même tee-shirt que celui que portera son père. Je nous revois lors de notre première rencontre quand elle m'avait expliqué à quel point elle souhaitait que tout se terminât au plus vite. Les toros, elle aime bien ça, par contre elle ne veut plus qu'ils croisent le chemin de son mari. Je me souviens être assis dans sa cuisine, un samedi de février, en compagnie de « Chime » pendant qu'elle donnait à manger à un petit Héctor insatiable. On devait faire quelques photos, parler de ses sentiments, d'anecdotes, de son mari, des toros et de toutes ces choses qui font le quotidien d'une femme de recortador. Je crois bien ne lui avoir posé qu'une seule question, anodine, au sujet de la dernière apparition d'« El Blanco », mais sa réponse m'avait laissé sans voix. Une réponse courte et sèche, une espèce d'appel au secours quasi désespéré : simple réalité d'une femme de torero qui doit vivre dans l'attente, l'angoisse et la peur… Au terme d'un silence pesant, je décidai de partir, prétextant que le petit allait devoir faire sa sieste. J'avais décelé une véritable souffrance ; j'en étais remué et désolé. Aujourd'hui, Monica n'ira pas s'asseoir sur les gradins ; elle attendra avec Héctor du côté des chiqueros. Je ne sais pas ce qui est le plus difficile à vivre entre assister à la course et se fier aux réactions de l'arène. Courage Monica…

'Ruiseñor' pointe le bout de son mufle dans le couloir qui le mène vers les corrals. Tranquillement, sans soubresauts, il enfile les portes puis s'engouffre dans le corridor qui le conduit vers sa cellule. Pepe peut être soulagé, tout s'est bien passé pour son protégé. Je rejoins Ramón pour l'informer que tout s'est bien passé. En plein recueillement, « El Blanco » se tient debout devant le miroir. Concentré, il fait fi des personnes présentes. « Moreta » et Carlos sont arrivés ; ce sont eux qui l'aideront à placer le toro.

Aïe « Moreta » ! Je me souviens de notre week-end chez Fuente Ymbro. « Moreta », Ramón et Pepe avaient affronté les quatorze vaches que nous avait lâchées le mayoral. Après trois heures d'entraînement, rincés mais heureux, nous étions tous réunis pour profiter d'un bon repas. Alors que « Moreta » dévorait son plat de viande en sauce, Ramón lui demanda de l'aider à placer le toro pour le grand jour. « Moreta » devint tout pâle, reposa sa fourchette et ne toucha plus son assiette : « “Moreta”, ça fait deux fois que tu viens avec moi à l'entraînement. Tu sais où je veux que soit le toro et de quel côté il doit s'élancer. J'ai juste besoin de te faire un signe et tu comprends de suite. Tu ne seras pas seul, Carlos viendra aussi.
— “Blanco”, moi je voulais juste être là, en civil, dans le callejón, pour pouvoir intervenir s'il t'arrivait quelque chose…
— S'il m'arrive quelque chose, c'est la moitié des arènes qui sautera en piste pour me filer un coup de main. Moi, je veux que tu sois avec moi pour me placer le toro. »
À l'idée de cette responsabilité, « Moreta » sautera le dessert pour passer directement au gin tonic. Mais acceptera.

Ramón finit de ranger une à une les images saintes dans son coffret. C'est le moment des salutations et des embrassades, dans le calme, sans grande effusion, sans éclats de rire. La patience a ses limites et l'envie d'en découdre grandit. Quelques étirements, une dernière conversation avec Carlos et « Moreta » : l'heure est venue de quitter la pièce pour les arènes.

Ramón se rend jusqu'aux chiqueros où l'attendent Monica et le petit Héctor. L'émotion est à son comble lorsque Ramón prend son fils dans les bras et l'embrasse. Les yeux rougis, il semble ne plus vouloir le lâcher. Héctor devine l'intensité du moment et colle son front contre celui de son papa. Le couple s'embrasse, se souhaite bonne chance à demi-voix et les trois fusionnent dans une grande embrassade. À contrecœur et totalement bouleversé, Ramón s'écarte pour reprendre le chemin qui le conduit vers son destin. Dans le couloir le menant au patio de cuadrillas, il s'engouffre dans la chapelle. Je n'entre pas. Je ne veux pas, je ne le sens pas. Je tente de fuir cette émotion qui commence à m'envahir et cours à l'étage à toutes jambes. En haut, je sais qu'une fenêtre donnant sur la chapelle me permettra de participer à ma façon au recueillement de Rámon. Lorsqu'il se relève, après avoir demandé son aide à la vierge, je dévale les escaliers pour me remettre à ses côtés. L'attente recommence, insupportable. Dans le patio de cuadrillas bondé, tapes dans le dos, accolades, belles paroles et encouragements sont échangés. C'est long, il faudrait qu'« El Blanco » entre en piste tout de suite. Je crains que sa concentration et sa motivation ne se consument. Je descends alors pour m'approcher du ruedo et prends une énorme claque dans la figure, ainsi qu'une grande bouffée d'adrénaline : les arènes sont pleines à craquer ! Pleines comme un œuf ! Ramón ne les a pas encore vues. Il faut que je le lui dise, je sais qu'il en sera heureux. Je remonte le voir et, le plus tranquillement du monde, lui dis : « Ramón, c'est plein ! Ils sont tous venus, pour toi, pour te voir. Comme au bon vieux temps.
— Flo, ils sont venus voir les Pablo Romero du concours de recorte, me lâche-t-il avec un sourire empreint de malice.
— Mon cul, ouais !!! »

La présentation va démarrer. Je redescends me caler près des lourdes portes ouvrant sur le ruedo. Albert est derrière moi. Un à un, les recortadores pénètrent dans l'arène sous les applaudissements et forment une haie d'honneur au centre du ruedo. Ramón est seul dans le tunnel. Lorsque l'inénarrable speaker se lance dans sa présentation et énumère son interminable palmarès, le micro le lâche. Plus rien, plus de son, l'horreur. Il ne manquait plus que cela. Le visage de Ramón se crispe. Attendre, encore, alors qu'il ne demande qu'à sortir du tunnel pour venir saluer l'Afición et défier 'Ruiseñor'. Carlos et « Moreta » l'encadrent désormais, tel une cuadrilla. Un sourire, une blague, un je ne sais quoi et je vois Ramón qui se détend et prend son mal en patience. Ça y est, « El Blanco » avance, passe de l'ombre du tunnel à la lumière des arènes, se plante au milieu du ruedo et salue en torero. À la réaction de la foule, on comprend alors pour qui ils sont là, qui les a arrachés du lit en ce dimanche matin de pleine célébration des Fallas. J'ai le cœur qui bat à tout rompre.

Je cherche vainement les parents de Ramón dans le public. Ils sont là, c'est sûr. Il y a de cela un mois, ils m'avaient assuré qu'ils viendraient. Je pense à sa mère, Mercedes, à son père, Ramón, et à tout ce qu'ils m'ont raconté sur leur fils : un enfant sage qui dessine des toros dès son plus jeune âge et qui, dès qu'il le peut, suit son père sur les sentiers des bous al carrer ; des parents pétris d'afición transmettant le virus à leur fils qui, très tôt, foule le sable et l'asphalte pour affronter le toro. Ramón père garde un évènement gravé dans sa mémoire : un après-midi, à Almenara, tandis qu'ils poursuivent le toro qui caracole dans une rue, il est distancé par son fils et le perd de vue. Lorsqu'il le retrouve, c'est pour le voir seul, planté au milieu de la rue face-à-face avec le toro. À la vue de cette proie facile, le cornu s'élance et rentre dans le quiebro de Ramón. D'aussi loin qu'il s'en souvienne, c'est son premier écart. Le père est subjugué par la sérénité et la tranquillité de son fils au moment le plus critique, par sa façon de rester immobile après le passage du toro : un torero est né. Rien ne sera plus comme avant. Mercedes, quant à elle, me confia qu'« il n'y avait aucune raison de l'empêcher d'aller aux toros. On a toujours su qu'il faisait attention et qu'il n'était pas une tête brûlée. Un jour, il est revenu à la maison avec le formulaire d'inscription de l'école taurine pour que nous le signions. Je l'ai déchiré et jeté à la poubelle. Le gamin a éclaté en sanglots et m'a juré qu'il deviendrait un des plus grands recortadores »…


Des moments durs et cruels, elle en a vécu à la pelle, Mercedes, elle qui vit dans l'inquiétude perpétuelle dès que son fils quitte la maison. Des vacances d'été et des week-ends exclusivement dédiés au toro : dix années durant, à raison de quarante à soixante concours par an, Ramón aura parcouru l'Espagne en long en large et en travers. Plusieurs fois, de retour chez elle après les emplettes, Mercedes a fondu en larmes, victime de la jalousie et des reproches d'autres mères qui ne comprenaient pas comment on pouvait laisser partir son fils se jouer la vie à la poursuite du toro. 

Lorsque ces pensées m'abandonnent, Ramón est dans le ruedo avec l'équipe médicale des arènes : l'hommage du torero aux personnes qui lui ont sauvé la vie. [Valence, octobre 2006, la corne du toro transperce la gorge d'« El Blanco » qui, opéré en urgence par le médecin des arènes qui ne peut retenir ses larmes, guide le personnel du bloc opératoire dans son travail, tout en rassurant ses parents accourus à son chevet.]

Puis vient le tour de 'Ruiseñor' et d'« El Blanco ». Sur un signe de la main, le torilero ouvre la porte et libère 'Ruiseñor' qui fait son entrée au pas, observe perplexe l'arène, à gauche à droite, puis s'élance à l'autre bout du ruedo. Round d'observation au cours duquel « Moreta » et Carlos déplacent le toro afin que Ramón puisse deviner ses réactions et prendre ses marques. Le toro sera-t-il fidèle à ce qu'il avait cru déceler au campo ? Le premier recorte est fondamental pour s'assurer du comportement de 'Ruiseñor' et gagner en confiance. Rapidement, Ramón se positionne au centre de la piste et appelle son adversaire qui s'élance au galop. « El Blanco » décrit un arc de cercle qu'il parachève en se cambrant au moment de la rencontre. 'Ruiseñor', emporté par sa vitesse, ne peut attraper l'homme et file dans son dos. C'est passé. Je respire. Les arènes entières exultent et respirent. Monica, dans l'obscurité des chiqueros et guidée par la réaction de la foule, respire. Ramón père et Mercedes respirent. « El Blanco », qui a pris la mesure de son adversaire, enchaîne avec le reverso qui l'a rendu célèbre. Les arènes frissonnent et grondent. La fête est totale ; elle peut se poursuivre. Les quiebros et les recortes se succèdent sans fausse note jusqu'à ce que 'Ruiseñor' jette l'éponge, dominé, vaincu par la torería d'« El Blanco ». Un ultime desplante, genou à terre devant son dernier toro, et Ramón reçoit toute l'affection de son public qui l'acclame debout. Un torero, un maestro de la tauromachie a cuerpo limpio salue une dernière fois ses arènes avant de sortir a hombros et en larmes sous une terrible ovation.

Depuis le callejón, j'aperçois maintenant dans les gradins Monica et Héctor qui profitent du tour d'honneur de Ramón. Le visage de Monica rayonne de bonheur. Une nouvelle étape peut commencer, car les fantômes qui la hantaient vont peu à peu disparaître, emportés à tout jamais par le toro 'Ruiseñor'.

Photographies Valence, 18 mars 2012 © Florent Lucas

08 mars 2012

'Ruiseñor'


« Entonces eres tú, “El Blanco”. ¿Sabes que el mayoral me ha hablado mucho de ti? Viene a verme todos los días, me observa y me habla. Me ha dicho que me habías elegido y que eres uno de los más grandes recortadores. ¿Qué es un recortador? Yo, tan sólo conozco las praderas, el sol del sur y la sombra de las encinas. El mayoral evita explicarme lo que es un recortador. Quizás tiene miedo de hablar demasiado y enseñarme…
“Blanco”, me cuidan bien aquí. Me han separado de mis cinco hermanos de sangre. Es verdad que desde que me elegiste, me miraban mal. La envidia seguramente. Pero han puesto estas malditas fundas sobre mis pitones. Se supone que es para no dañarlos o hincarlos en la carne de mis congéneres. ¡Mentiras! Es para preservarte a ti, “Blanco”, para que no cojas miedo a la vista de mis astas, porque debajo de estas feas protuberancias se esconden dos navajas afiladas como espadas de Toledo.
Acércate “Blanco”, te gusto ¿verdad? Esto también me lo han dicho. Mira las marcas de fuego que se dibujan en mi lado derecho: el hierro de Hato Blanco y este magnífico “7” en mi paletilla. El numero de la suerte o el guarismo que certifica mi edad de razón. ¿No te asusta? En este año 2012, es un número maldito en el campo. Me observas y te gusta mi manera de andar, tranquilo como si nada, descolgado, con el hocico a ras de suelo. Y mi trapío “Blanco”; tengo buenas hechuras ¿verdad? Eso me viene de mi padre y de su procedencia Guateles. De mi madre he heredado su mirada noble.
Ahora acércate un poco más, “Blanco”. Entra en el círculo prohibido y desata mi rabia. Enciende la llama que brilla en mis ojos negros. Entonces hincharé el morrillo y tensaré mis músculos. ¡Cómo cambian las apariencias en una fracción de segundo! Noto tu corazón que se acelera. Aquí tienes el retrato del que va a atormentar tus noches y alimentar tus pensamientos. No te vayas, tengo una última cosa que decirte.
Me llamo 'Ruiseñor', y pertenezco a una gran reata. Dentro de poco haré temblar la arena y la plaza entera contendrá su respiración. Soy la fuerza, la bravura, el pilar de vuestras tradiciones, y tengo que honrar a mi familia y a mi ganadero porque debo defender mi reputación. Cinco años esperando este momento. Tengo ganas de que llegue el gran día. Nuestro gran día… »

Fotografía 'Ruiseñor' y Ramon Bellver 'El Blanco', febrero 2012 © Florent Lucas

05 mars 2012

'Ruiseñor'


« C'est donc toi, “El Blanco”. Tu sais que le mayoral m'a beaucoup parlé de toi. Il vient me voir tous les jours, m'observe et me parle. Il m'a dit que tu m'avais choisi et que tu étais un des plus grands recortadores. C'est quoi un recortador ? Moi, je ne connais que les étendues vertes, le soleil du sud et l'ombre des chênes verts. Le mayoral se garde bien de m'expliquer la signification du mot, peut-être a-t-il peur d'en dire trop et que j'apprenne…
“Blanco”, on s'occupe bien de moi, ici. On m'a séparé de mes cinq frères de sang. Il est vrai que depuis que je t'ai tapé dans l'œil, ils me regardaient de travers. La jalousie, certainement. Par contre, on m'a mis ces maudites fundas sur les cornes. Il paraît que c'est pour éviter qu'elles ne s'abîment ou que je ne les plonge dans le flanc de mes congénères. Foutaises ! C'est pour te préserver, “Blanco”, pour que tu ne prennes par peur à la vue de mes armes, car sous ces maudites boursouflures se cachent deux dagues effilées comme des épées de Tolède.
Approche-toi, “Blanco”, je te plais, n'est-ce pas ? Ça aussi on me l'a dit. Regarde les marques de feu qui ornent mon flanc droit : le fer de Hato Blanco et ce magnifique “7” sur mon épaule. Le chiffre de la chance ou celui qui témoigne de mon âge de raison. Ça ne t'effraie pas ? En cette année 2012, c'est pourtant un chiffre maudit au campo. Tu m'observes et tu apprécies ma façon de marcher, tranquille comme si de rien n'était avec le mufle au ras du sol. Et mon physique, “Blanco” ; je suis plutôt bien roulé. Je tiens ça de mon père et de ma lignée Guateles. De ma mère j'ai hérité de la noblesse de son regard.
Maintenant, approche encore un peu, “Blanco”. Rentre dans le cercle interdit et provoque ma colère. Allume la flamme qui brille au fond de mes yeux noirs. Alors, je gonflerai le morrillo et tendrai mes muscles. Comme les apparences peuvent changer en une fraction de seconde ! Je sens ton cœur qui s'accélère. Voici désormais le portrait de celui qui va hanter tes nuits et peupler tes pensées. Ne t'en va pas, j'ai encore une dernière chose à te dire.
Je m'appelle 'Ruiseñor', je proviens d'une grande lignée. Bientôt mes sabots feront trembler le sable et les arènes tout entières retiendront leur souffle. Je suis la force, la bravoure, la raison d'être de vos traditions, et je ferai honneur à ma famille et mon éleveur car j'ai une réputation à défendre. Cinq ans que j'attends ce moment. J'ai hâte que vienne le grand jour. Notre grand jour… »

Photographie 
'Ruiseñor' et Ramón Bellver 'El Blanco', février 2012 © Florent Lucas

27 février 2012

Coger la carretera


Las bonitas aventuras suelen empezar con una llamada de teléfono. 
“¡Flo!
— ¡Hola Ramón! ¿Qué pasa?
— Mañana vamos a Sevilla, ¿te vienes?
— ¡A Sevilla! ¿No me habías dicho que íbamos a Teruel?
— Sí pero al final nos vamos a Sevilla, a Castilblanco de los Arroyos.
— ¿Y para ti es mejor ir hasta Sevilla que a Teruel?
— Sí, en el Sur uno se siente más torero.
— Pues vale, nos vemos mañana entonces.”

Queda poco más de un mes antes de Fallas y la última aparición de Ramón en su plaza de Valencia. Esta fecha le obsesiona y durante un mes, él lo va a dejar todo en un segundo plano para entrenarse, ponerse delante del toro y volver a encontrarse con sus sensaciones, sus reflejos y sus quiebros que han hecho de él “El Blanco”, una figura para todos los aficionados del recorte
Vamos a coger la carretera del Sur, persiguiendo los toros que ayudarán a Ramón a recuperar el sitio, poco a poco perdido durante este largo invierno en el cual los morlacos se ausentaron de nuestras calles levantinas.
Mil seiscientos kilómetros previstos, unas dieciseis horas de carretera en compañía de Ramón, “Chime” y Pepe. Tres fuentes inagotables de afición, de anécdotas, de alegrías y cornadas. Tengo razón en pensar que este viaje no me va a pesar nada.
Curiosamente, es mi primer viaje taurino hacia el Sur. Una especie de desvirgamiento tardío. Escruto el paisaje, busco los famosos toros de Osborne que — al igual que mojones esparcidos — nos guían en la carretera. Por fin pasamos el desfiladero de Despeñaperros. Aquí esta el Sur. Las primeras fincas, las primeras ganaderías y las primeras sombras negras que distinguimos en el horizonte. Para meternos un poco más en el ambiente, paramos a tomar un café en la Mezquita, bajo la mirada inquisidora de un imponente colorado de Gimenez Indarte lidiado en las calles de Museros. Extraño. ¿Como esta cabeza de toro disecada ha recorrido el camino de Valencia a Jaén?
El resto del viaje se hace de noche hasta nuestro hotel de Alcalá del Rió. Por supuesto paramos en Sevilla. El ambiente, siempre el ambiente y este acento que te recuerda que estás muy lejos de Valencia. A la 1h30 despertamos al portero de nuestro hotel que se ha dormido delante de una peli porno. Bonito panorama. Con ganas de volver a los brazos de Morfeo nos expidió rápidamente hacia nuestras habitaciones.
Al día siguiente a las 10h30 pasamos el portón de la finca donde nos espera el ganadero. Los amigos de Pepe son sus amigos, y le ha prometido soltar en el ruedo de su bonita plaza de tienta unas 4 vacas ya toreadas hace 2 meses. Todo es bueno cuando se trata de entrenarse. El ganadero no esconde su sorpresa de vernos llegar desde Valencia para recortar sus vacas. Para él, será una primera vez y está un poco escéptico en cuanto a esta nueva experiencia.
Sus dudas desaparecerán rápidamente. La primera vaca salta al ruedo. Después de la ronda de observación que consiste en hacer correr el animal para observar sus reacciones, Ramón se planta en el medio de la plaza, provoca al animal y le roba su primer recorte. Luego encadena los quiebros y el famoso reverso. Ramón vuelve a ser “El Blanco” y el ganadero luce una sonrisa de oreja a oreja y unos ojos como platos.
“¿Chico como lo has hecho?, ¡hazlo otra vez!”
Después de un cuarto de hora, la vaca coge la puerta. Es el turno de la 95. Pepe la conoce por haberla toreado hace un mes y medio aproximadamente. Un recuerdo inolvidable. ¿Saldrá igual de buena para el recorte? La vaca salta al ruedo, fiera y decidida a pelear. Entra fuerte, de lejos y al primer cite. Ramón disfruta y sacará todo su repertorio, relajado y totalmente en confianza. Todo el mundo se regocija. Bajo el cielo azul, y sobre el albero dorado, la conexión entre la furia negra y el recortador vestido de blanco es una alquimia de colores. La fuerza y la elegancia, la decisión y el quite. La tauromaquia a cuerpo limpio no tiene nada que envidiar al toreo.
La 95, cuyo nombre no sabe ni el mayoral, sale a desgana de la placita. Al contrario que sus hermanas, coge el camino que lleva al prado donde pastan las vacas de vientre. Privilegio de una futura madre. “El Blanco” esta en la gloria. Esta 95 acaba de justificar los mil seiscientos kilómetros.
Durante la comida quedamos con el ganadero para Fallas. Éste está encantado con la experiencia vivida.
Para nosotros es hora de coger la carretera. La noche está al caer. La noche y el cansancio son propicios para las confesiones… Dejémoslas para una próxima vez.
El fin de semana siguiente, Ramón volverá a coger la carretera hacia este Sur donde “uno se siente más torero”, esta vez acompañado de Albert de Juan. Un dúo que, estoy seguro, hará maravillas.

Fotografía 
Entre Valencia y Sevilla, febrero 2012 © Florent Lucas

24 février 2012

Prendre la route


Les plus belles aventures commencent souvent par un coup de fil.
 « Flo !
— Salut Ramón ! ¿Que pasa?
— Demain, on part à Séville, tu viens ?
— À Séville ! Tu m'avais dit qu'on irait à Teruel.
— Finalement on part du côté de Séville, à Castilblanco de los Arroyos.
— Tu préfères aller jusqu'à Séville ?
— Oui, dans le sud on se sent davantage torero.
— Très bien… On se voit demain alors. »

Il reste un gros mois avant les Fallas et la dernière apparition de Ramón dans ses arènes de Valence. Ce rendez-vous l'obsède et pendant un mois il va abandonner femme et enfant pour s'entraîner, se remettre devant le toro afin de retrouver les sensations, les reflexes et les quiebros qui ont fait de lui « El Blanco » : une figura pour tous les aficionados al recorte.
Alors on va prendre la route du sud, à la poursuite des toros qui aideront Ramón à retrouver son sitio, peu à peu perdu durant ce long hiver où les cornus se sont absentés de nos rues du Levante.
Mille six cents kilomètres en prévision ; à peu près seize heures de route en compagnie de Ramón, « Chime » et Pepe : trois sources intarissables d'aficíon, d'anecdotes, de joies et de coups de cornes — j'ai raison de penser que ce trajet ne va pas me peser.
Bizarrement, c'est ma première virée taurine dans le sud. Un genre de dépucelage tardif. Je scrute le paysage à la recherche des fameux « Toro de Osborne » qui, comme des bornes éparpillées, balisent notre route. Enfin, nous basculons de l'autre côté du défilé de Despeñaperros. Voilà le sud : les premières fincas, les premiers élevages et les premières ombres noires aperçues au loin. Histoire de se plonger un peu plus dans l'ambiance, nous prenons un café à la Mezquita, sous le regard inquisiteur d'un imposant colorado de Giménez Indarte lidié dans les rues de Museros. Étrange. Comment cette tête de toro empaillée a-t-elle fait le chemin de Valence à Jaén ?

Le reste du voyage jusqu'à notre hôtel d'Alcalá del Río se fait de nuit. Évidemment, nous nous sommes arrêtés à Séville. L'ambiance, toujours l'ambiance et cet accent qui te rappelle que tu es ailleurs, bien loin de Valence. À 1h30 nous réveillons le portier de l'hôtel qui s'est endormi devant un film porno… Le tableau est sympa. Pressé de retourner dans les bras de Morphée, il nous expédie rapidement vers nos chambres.
Le lendemain à 10h30 nous franchissons le portail de la petite finca où nous attend le ganadero. Les amis de Pepe sont ses amis, et il lui a promis de lâcher dans le ruedo de sa coquette placita de tienta quatre vaches déjà toréées il y a deux mois. Tout est bon quand il s'agit d'entraînement. L'éleveur ne cache pas sa surprise de nous voir débarquer de Valence pour écarter ses vaches. Pour lui c'est une première, et il est assez sceptique sur l'expérience à venir.
Ses doutes vont rapidement s'envoler. La première vache fait son entrée en piste. Après le round d'observation consistant à faire galoper l'animal afin d'observer ses réactions, Ramón se plante au milieu du ruedo, provoque l'animal et lui vole son premier recorte. S'enchaînent les écarts et le fameux reverso (une sorte de quiebro au cours duquel Ramón réalise un tour complet sur lui-même, perdant de vue l'animal au moment de la feinte). Ramón redevient « El Blanco » et le ganadero arbore un large sourire et deux billes en lieu et place de ses yeux.

« Chico, comment tu fais ça ? Recommence pour voir ! »
Au bout d'un quart d'heure, la vache prend la porte. C'est le tour de la numéro 95. Pepe la connaît bien ; il l'a toréée voici un mois et demi environ. Un formidable souvenir. Sera-t-elle aussi bonne pour le recorte ? La vache surgit sur le sable, fière et décidée à en découdre. Elle entre fort, de loin et au premier appel. Ramón jubile et va enchaîner tout son répertoire, relâché et totalement en confiance. Tout le monde prend son pied. Sous le ciel bleu andalou et sur le sable doré, la connexion entre cette furie noire et le recortador tout de blanc vêtu est une alchimie de couleur. La force et l'élégance, la décision et l'évitement. La tauromachie a cuerpo limpio1 n'a décidément rien à envier au toreo.
La 95, dont le mayoral ne connaît pas le nom, sort à contre cœur de la placita. À deux reprises en l'espace de deux mois, elle a pu démontrer la bravoure qui court dans ses veines. Contrairement à ses sœurs, elle prend le chemin du pré où paît tranquillement un petit groupe de vaches de ventre. Privilège de future mère. « El Blanco » est aux anges : la 95 a justifié à elle seule les mille six cents kilomètres.
Lors du déjeuner, le rendez-vous est pris avec l'éleveur pour les Fallas ; ce dernier est enchanté de l'expérience qu'il vient de vivre.
Il est temps pour nous de reprendre la route ; la nuit nous enveloppera dans une paire d'heures. La nuit et la fatigue sont propices aux confessions… Gardons-les pour une prochaine fois.
Le week-end suivant, Ramón sera de nouveau dans ce sud où l'« on se sent davantage torero » accompagné, cette fois-ci, d'Albert de Juan. Un duo de choc qui risque de faire des étincelles.

1 La tauromachie a cuerpo limpio, que l'on peut traduire par la tauromachie « à corps découvert », se base sur trois composantes majeures, que sont le recorte, l'écart (ou quiebro) et le saut, déclinées dans toutes les variantes possibles.

Photographies Entre Valence et Séville, février 2012 © Florent Lucas


08 février 2012

Populaire


Valence, mai 2011 © Florent Lucas

Alors que les Fallas 2012 pointent le bout de leur nez, le peuple du toro qui s'éparpille dans les villages du nord de Valence n'a d'yeux que pour un cartel : celui du concours de recortadores.

Les taurins appellent cela de la tauromachie «populaire», qui s'inscrit dans le cadre des festivités «populaires», pour un public «populaire» et à des prix d'entrée «populaires».

Ça sonne péjoratif, n'est-ce pas ? N'empêche qu'ici nous sommes fiers de ce qualificatif ! Dans le panorama actuel de la tauromachie, le populaire remplit les arènes d'un public de 7 à 77 ans qui vibre et s'émeut devant un toro au pedigree varié. Un public qui s'identifie pleinement à de jeunes recortadores qui montrent par leur envie et leurs bonnes manières l'énorme afición qui les habite.

Ce dimanche 18 mars aura une saveur spéciale ; dans les arènes qui l'ont vu triompher et souffrir, l'enfant prodige de Massamagrell va tirer sa révérence et faire ses adieux aux ruedos.

Ramón Bellver 'El Blanco' nous saluera une dernière fois, mais, avant de mettre trois points de suspension à son histoire, il nous ouvrira ses portes et son cœur.

Affaire à suivre.


Popular
Con las Fallas 2012 a la vuelta de la esquina, el pueblo del toro que se esparce por los pueblos del norte de Valencia tiene los ojos puestos en un cartel: el del concurso de recortadores.
Los taurinos lo llaman tauromaquia "popular", enmarcada en los festejos "populares", para un público "popular", y a unos precios "populares".
Suena despectivo ¿verdad? ¡Pues nosotros estamos orgullosos de este adjetivo! Viendo el panorama actual de la tauromaquia, lo popular llena las plazas con un público de todas las edades que vibra y se emociona con toros de pedigrí variado. Un público que se identifica plenamente con los jóvenes recortadores que demuestran con ganas y buenas maneras su enorme afición.
Este domingo 18 de marzo tendrá un sabor especial. En la plaza que le ha visto triunfar y sufrir, el hijo prodigio de Massamagrell se despide de los ruedos.
Ramón Bellver 'El Blanco' nos brindará su última vez; pero antes de poner puntos suspensivos a su historia nos abrirá sus puertas y su corazón.
Continuará.