
¡Al fin un torero!
JOAQUÍN VIDAL - ELPAIS.es > CULTURA -14-07-1996.
¡Un torero, al fin, en la feria! Se llama José Tomás, llegó de sustituto y a punto estuvo de armar la revolución. No armó la revolución José Tomás porque falló con la espada -es su culpa-mas se arrimó de firme, dio muletazos escalofriantes, toreó según mandan los cánones y dejó impresionadísimo al público pamplonés.
Ese toreo ceñido, impávido el torero pese a que los buidos pitones de los toros le rozaban los alamares, no es habitual. Ese reposo con que desarrollaba las faenas, esa autenticidad al citar y embarcar, esa interpretación del toreo en pureza, tampoco son propias de la moderna tauromaquia.
El toreo donde valor y técnica se a únan, la emoción de dominar un toro íntegro, pertenecen a pasadas épocas. Y esto es lo que trajo a la Feria de San Fermín José Tomás, sustituto de César Rincón, para asombro de propios y extraños. Muchos veían por primera vez en José Tomás la categoría verdadera del toreo y descubrieron que es de una gran emotividad - y belleza.
Ya podían estar cantando Clavelitos los mozos de las peñas a pleno pulmón o acompañando con la voz y con el cuerpo el ritmo moruno de Paquito el chocolatero, que cuando José Tomás -quieta la planta, erguida la figura-templaba el muletazo pasándose por la faja la embestida pegajosa e incierta - hasta dejarse coger -, el jolgorio quedaba en suspenso. Y un escalofrío barría los tendidos, todo el mundo en pie, las manos a la cabeza, olés profundos entonados por un orfeón de miles de voces apasionadas, que al torero debían saberle a música celestial.
El rito del toreo también campaneaba a gloria. No es que José Tomás estuviera interpretando la flor de la maravilla, entre otras razones porque el celo incierto de sus toros no se prestaba a ello. Pero el toreo es así, siempre fue así - afrontar el riesgo con gallardía, dominar sin aspavientos las peligrosas acometidas - hasta que llegaron esos toreritos mediocres, esos taurinos incompetentes, esos ganaderos irresponsables y convirtieron la lidia en un escarnio; el arte del toreo en un ejercicio ventajista y soporífero…
… allí pues se hizo presente José Tomás y la puso en los altares. Con valor - y torería la puso en los altares. Y ahí sigue, para lo que gusten mandar.